El Abrazo.
«No tengas miedo. Te voy a dar la opción que nunca tuve».
Entrevista con el vampiro (1994).
El abrazo es un encuentro de distintos orígenes en un mismo espacio. Una galería que en su vida pasada fue una panadería y un horno; hogar del fuego que todo transforma. Otro origen de la memoria de este espacio viene directamente del padre de una de las galeristas, que es carnicero.
Creando así un árbol genealógico en su azar genético que se encuentra con el artista Lucas Ferreira, que viene de una granja de Poços de Caldas, en Brasil. Allí donde la carne es ofrenda para trascender el espíritu. Allí donde se puede leer y visionar las tripas de un cordero.
«Lo que es arriba; es abajo. Lo que es abajo es arriba». Este es un principio alquimista y el eje expositivo de la muestra.
Los cuerpos levitan, la pintura se hace carne, la escultura se vuelve blanda. La carne también se cose y en cada puntada se une los dos planos: el del cielo y la tierra, el de la luz y la sombra.
Con hilo también se cose la carne. Tocar para creer.
Visionar es estar encarnado en el ahora.
Diez espadas.
Diez de espadas.
Diez dolores.
El principio del fin.
El dolor tiene memoria.
Un diez de espadas siempre deja eco.
La primavera no cabe en un jardín.
Las plantas son carnívoras.
«No esperéis nunca contemplar el cielo; vengo a llevaros hasta la otra orilla, a la eterna tiniebla, al hielo, al fuego».
La Divina Comedia de Dante Alighieri. Canto III.
Marina Vargas.
Madrid, 23 de octubre.